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23 de febrero de 2011

Escribo en un momento de respiro del estudio filosófico. Descartes y Locke no son nada fiesteros, no señor. Yo pensaba que iban a ser un poquito más lógicos que los antiguos, o al menos que se iban a dejar estudiar un poco mejor. Pues no, ¿cómo algo de filosofía va a ser accesible para mí? Eso nunca, nunca jamás. Así que aquí estoy, peleándome con Descartes. Podía haber cerrado la boquita en su momento, oiga.

Han sido unos días... intensos. El martes hicimos el de literatura. Casi doy palmas con las orejas cuando veo las dos preguntas de más puntuación: generación del 98 (4 puntos) y autores y características del 27 (3 puntos). Dos generaciones, ¡siete puntos! Me quedé atascadísima en la poesía del romanticismo, que eran dos puntos, pero Cadalso que era el punto restante creo que lo bordé. Así que veamos que sale. De momento, hoy nos hemos cruzado a María cuando salíamos de hacernos la foto de la orla charlando. Sus palabras textuales: "Sí, sí, reíros ahora, ya se os quitará la risa cuando veáis las notas de literatura". Tengo miedo, sí. Que yo creía que me había salido bien... joer.

La orla. Otro tema que daría para un libro. Flashazos que te dejan cegata, verte genial en un espejo y salir en la foto con una cara de pan que no te la quita nadie. Pero en serio, ¿por qué pasa eso? Debe ser que somos todos unos narcisistas de la leche, pero yo juraría que el ojo pipa de la foto no lo tenía tres segundos antes.

Pablo se fue el lunes a Japón, y aún no nos ha dado tiempo a echarle de menos. Supongo que lo notaremos el domingo, cuando nos reunamos otra vez y notamos que al decir "¡Japo, baja yaa!" no baja nadie. Aunque haya bocadillos y palomitas.

He escrito. He escrito mucho. Mucho para lo que venía escribiendo últimamente, quiero decir. Un microrrelato de homenaje a Ana María Matute y un relato paranoide. Y quiero escribir mucho más, quiero que se me queden los dedos secos de teclear historia, pero no hay tiempo. Ahora entiendo todo lo que querían decir mis queridos amigos de 2º del año pasado. El temario no es difícil. Lo que cuesta es cuadrarlo todo en unos horarios que se quedan cortos y unas tardes que no dan para más. Y a eso hay que sumarle EOI, taller y... ¿vida social? Bueno, la justa.

Laura.

16 de febrero de 2011

El bebé de mis primos va a ser niño. Por tanto, he perdido la apuesta con mi primo de diez años.

He escrito el primer microrrelato de la temporada.

Vi, por fin, la peli de El discurso del rey. Me gustó.

Ayer hice la primera parte de tres del examen de febrero de la EOI. Muerte. Espero tener una nota decente.

Mañana toca la segunda parte. Pensaba repasar. No he hecho nada.

Tengo Tumblr. Es un vicio.

Debería seguir leyendo Cien años de soledad, o la semana que viene será chunga en cuanto a trabajo que hacer.

Ha perdido el Barça.

Me muero de ganas de que llegue este viernes.

Laura.

22 de enero de 2011

Descargar NO es robar.

Y las cosas no van a cambiar cuando se llega al tema libros.

¡Como me enervan algunas cosas que se leen por ahí! No sé si tengo una visión demasiado idealista de lo que es escribir, narrar, describir, contar.  Escribo desde hace ya seis años (que se dice pronto) porque lo adoro. Quiero devolver una pequeña parte de lo que los libros me han dado a mí en todas las etapas de mi vida hasta ahora, y desde aquel día en primero de la ESO que tuve la idea de escribir acerca de una encina que llevaba casi doscientos años dando sombra he estado pagando esa enorme deuda. Sin escribir, jamás hubiera conocido a Isabel, o a las chicas del taller, o a algunas personas del mundillo que tanto son capaces de aportar. Recuerdo la primera y única tertulia literaria en la que he estado como una tarde emocionante en la que me costó muchísimo relajarme para exponer algo coherente. Ya no recuerdo ni el tema de la tertulia, la verdad. Sí recuerdo que Isabel, quién me llevó, me presentó a todo el mundo. Y quién supo que algún día quería ser escritora... me apoyó en mi sueño.

Y aquí sigo. Ayer mi proyecto de novela cumplió 20000 palabras, una cifra significativa. Eso equivale a 70 páginas, a 8 capítulos en los que intento meterme hasta el fondo de un personaje, Irene. Cuando haya conseguido acabar su historia... ¿realmente me importará que alguien no pueda pagar el libro si quiere leerlo? Ojalá mi punto de vista no cambie mucho de aquí a que mi sueño se cumpla, pero la verdad es que no me veo defendiendo que descargar es robar. Escribo porque amo hacerlo, porque todo el mundo debería sentir el placer que produce dar rienda suelta a tu imaginación sobre una hoja de papel. Crear tus personajes, dirigir sus historias, cogerles tantísimo cariño que sufres si, para que las piezas encajen, alguno tiene que morir. Dejando aparte llantos sin sentido que me he pillado cuando mis personajes favoritos morían en los libros, anda que no me ha costado matar al primer personaje en mi historia. Y aún queda el más difícil de todos...

Pero lo dicho. Sigo defendiendo que, si algún día alguien lee mis historias... ¡qué más da que sean descargadas! No me sentiré robada, ni ultrajada, ni engañada. Creo que no conseguiré bajar de la nube de lo inflada de orgullo que estaré.

Laura.

19 de octubre de 2010

Because maybe...

...you're gonna be the one that saves me
And after all, you're my wonderwall

Es curioso lo cómplice que te sientes con la gente que te cruzas a eso de las ocho de la mañana, cualquier día de lunes a viernes. Es como si, telepáticamente, le dijeras al otro "sí, a ambos nos han arrancado de la cama a estas horas". No les conoces, pero te sientes tentado de decir buenos días. Lo haces. Y te devuelven una sonrisa.
Y eso hace que, de alguna forma, el sol decida asomar un poco más rápido. 

El examen, bien. Bueno. Fue llegar el profesor a la clase y decirle:

-Miguel, que hay algunas cosas que no dan para extenderse dos folios ni de coña, como lo de las unidades morfoestructurales exteriores a la meseta.
-Bueno, bueno, ya veremos...

Nos da el examen. Pregunta de 4 puntos: unidades morfoestructurales exteriores a la meseta. ¿No quieres caldo? Pues toma dos tazas. Las caras de la gente según iba entrando al examen eran dignas de irse fotografíando una a una. Destacando las de Laura y Carmen, enormes. Pero en fin, supongo que bien.

Laura.